Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Castilla y León

La confirmación del cierre de Garoña en 2013 aumenta el malestar entre los vecinos y amigos de los trabajadores de la central burgalesa

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Miguel Sebastián anunció ayer la decisión del Gobierno de cerrar de forma definitiva la central nuclear de Garoña en abril de 2013. De nada ha servido la marcha de los trabajadores hacia Madrid para pedir a Zapatero que cambiara de opinión: el plan del Ejecutivo de cerrar las plantas nucleares que finalizaran licencia sigue en pié. El presidente y el ministro de Industria, no obstante, les garantizan un nuevo empleo con la reindustrialización de la zona.

Ni la marcha hacia La Moncloa ni la carta a Obama han podido evitar lo inevitable: el cierre de la central. La decisión del Gobierno -que inicia así la promesa electoral de cerrar todas las plantas nucleares cuyas licencias expiren, tal y como recordó el ministro de industria Miguel Sebastián- ha enfurecido a los trabajadores burgaleses y a sus allegados, que ahora piden a Zapatero saber qué va a pasar con su vida laboral dentro de cuatro años.

Desde el Ejecutivo se quiere transmitir un mensaje de tranquilidad. Según el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, los cuatro años que quedan para el cierre definitivo dan un margen de maniobra amplio, aunque reconoce que hay que ponerse rápidamente a pensar un nuevo proyecto industrial para la zona.

En Garoña se muestran bastante desconfiados: en principio creen a Zapatero y Corbacho y en la intención de llevar a cabo nuevos proyectos en la zona, incluyendo la reubicación laboral, pero son conscientes de que antes de la fecha del cierre de la central habrá unas elecciones generales, en 2012, que pueden provocar un giro en las iniciativas que se puedan poner en marcha ahora.