Domingo 30/04/2017. Actualizado 01:00h

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Pais Vasco

Algunos tratan de reciclarse como vigilantes jurado, como policías...

Los últimos escoltas se buscan la vida tras dejar de proteger a políticos del País Vasco y Navarra

Lamentan que no hay ningún plan para recolocar al centenar que terminaron su servicio el pasado 31 de marzo

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ETA entregó las armas y explosivos que guardaba en ocho zulos de Francia el pasado 8 de abril. Una semana antes, el 31 de marzo, algo más de cien escoltas privados dejaron de guardar las espaldas de otras tantas personalidades -sobre todo políticos constitucionalistas- amenazados por la banda terrorista desde hace años e incluso décadas.

Un escolta protege a una personalidad. Un escolta protege a una personalidad.

Desde que ETA puso en marcha la estrategia de “socialización del sufrimiento”, consistente en convertir en objetivo de sus asesinatos a concejales y otros cargos políticos, miles de personas en el País Vasco y en Navarra han vivido con la protección de escoltas.

El Ministerio del Interior y el Gobierno Vasco pagaban el sueldo de estos guardaespaldas privados, que llegaron a sumar entre 2.500 y 3.000 antes de que la banda terrorista anunciara primero una tregua indefinida, luego el “cese definitivo de la actividad armada” en 2011.

Tras ese comunicado de 2011, Interior fue retirando escoltas paulatinamente a distintos colectivos al entender que la amenaza había remitido. Así hasta este mes de marzo, cuando quedaban algo más de cien protegiendo a otras tantas personas, sobre todo concejales del PP y del PSOE.

Las promesas de Interior no fueron suficientes

El Confidencial Autonómico ha contactado con fuentes del colectivo de escoltas del País Vasco y de Navarra dedicados a proteger a amenazados por ETA. Su principal lamento es el mismo que hace cinco años: las autoridades no han previsto ningún plan para recolocarlos tras dejar este trabajo.

A raíz del “cese definitivo” de los atentados anunciado por ETA, Interior prescindió de muchos escoltas, pero les prometió que no se quedarían en la calle. Se entendía que su tarea había sido esencial para salvar la vida a cientos, miles de personas amenazadas por los terroristas, y por eso se anunció que las instituciones se implicarían en ayudarles.

Las soluciones que se barajaron fueron principalmente dos: que entraran como vigilantes de seguridad en las cárceles, y que se dedicaran a proteger a mujeres maltratadas que todavía podían ser víctimas de violencia por parte de sus parejas.

Sin embargo, estos dos salidas no cuajaron del todo y el plan del ministerio no consiguió atender a todos los escoltas que se iban quedando sin trabajo. Ahora, la situación es similar: “No hay ningún plan, y cada uno se tendrá que buscar la vida por su cuenta”.

Vigilantes privados, policías...

De ahí que entre los últimos escoltas que quedaban en el País Vasco y Navarra y que terminaron sus servicios el 31 de marzo, cada uno estén tratando de encontrar una salida profesional. Los hay, por ejemplo, que van a seguir el camino de muchos otros que se “reciclaron” como vigilantes de seguridad privada en distintas empresas del sector.

Otros han visto una oportunidad en la convocatoria de plazas de empleo público que aprobó por decreto ley el Gobierno de España, y que contempla sacar a concurso en 2017 más de 3.000 plazas para la Policía Nacional y unas 1.800 para la Guardia Civil.

De ahí que, según ha podido saber ECA, algunos vayan a prepararse las oposiciones para convertirse en policías nacionales, principalmente.

En estas páginas ya se ha contado en los últimos años cómo muchos escoltas que dejaron de proteger a amenazados por ETA han tenido grandes dificultades para encontrar un nuevo trabajo. Algunos incluso ocultaban en sus currículos el hecho de haber sido escoltas, porque eso provocaba que algunas empresas en el País Vasco y en Navarra, por temor, prefirieran no contratarlos.

Otros montaron negocios que eran boicoteados por los abertzales. En casos extremos, algunos de estos ex escoltas han llegado a caer prácticamente en la pobreza, llegando a tener que acudir a comedores sociales.