Domingo 17/12/2017. Actualizado 01:00h

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Andalucía

Los policías continúan trabajando en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Málaga clausurado por Presidencia ante su mal estado: el Ministerio sólo ha desalojado a los ‘sin papeles’

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La semana pasada fue clausurado oficialmente el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Málaga, que llevaba sin acoger inmigrantes desde el verano. La causa oficial del cierre es el mal estado de las instalaciones, pero aunque ya no acoge internos, sí siguen trabajando en ese edificio los efectivos de la Policía. Aseguran que no han recibido orden alguna de abandonar el recinto pese a lo precario de su entorno.

El Centro de Internamiento de Extranjeros del barrio de Capuchinos, en Málaga, ha dejado de recibir inmigrantes, aunque eso no significa que esté vacío o que haya cesado su actividad. El ministerio de Presidencia dio la orden de que fuese clausurado el pasado jueves, pero la Policía sigue haciendo uso de sus instalaciones, según han confirmado a El Confidencial Autonómico.

En la orden de clausura del CIE se explica que “pese a las continuas obras de reparación, adaptación y mejora”, el lugar no poseía unas instalaciones “adecuadas o idóneas para el cumplimiento de los fines para los que fue creado”.

Según explican agentes que conocen el entorno, el edificio tiene humedades, poca estabilidad en la primera planta y problemas de desprendimientos en techos, muros y tejado exterior.

En el momento del cierre provisional, decretado en julio de 2012, parte del funcionariado que trabajaba en el edificio lo abandonó. Sin embargo, a día de hoy varios grupos policiales realizan sus labores en dicho inmueble y aseguran que “nadie ha recibido orden o instrucciones sobre que vayan a destinarnos a otro sitio”, según las fuentes consultadas por ECA.

También sigue trabajando el personal de seguridad y algunos administrativos. Mientras, desde la delegación del Gobierno en Málaga afirmaban que el CIE “no permitía unas condiciones dignas de habitabilidad”.

Las entrañas del CIE

Este antiguo convento, compuesto por dos edificios, empezó a funcionar en 1990 como un espacio para recluir a los inmigrantes sin permiso de residencia. Desde el pasado verano ya se estaba derivando a los internos a centros de Aluche, en Madrid, y de Algeciras, en Cádiz, para evitar su reclusión en esas instalaciones.

De la decena de centros que hay en España, el de Málaga ha sido de los más conflictivos. Organizaciones humanitarias han denunciado durante años hechos como la deportación de 103 inmigrantes africanos sedados con haloperidol en el año 2000. También ha sido escenario de incendios, suicidios y presuntos abusos a los recluidos.

Aunque se ha aprobado una moción de PSOE e IU en Ayuntamiento de Málaga que proponía transformar el CIE en un equipamiento cultural y social, la cesión de esos edificios está en manos del gobierno central. Mientras, el CIE casi en ruinas sigue siendo el espacio de trabajo de decenas de personas.

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